Espero, y espero, y espero. Creo que si juntara todos los minutos que llevo esperando determinadas cosas en mi vida, me enfadaría conmigo misma por no sacarles un mejor partido. Últimamente me desespera esperar más de lo normal. Minutos, horas, días... y seguro que mi inconformismo es el culpable de todo.
Aunque la verdad es que me encanta la sensación de saber que algo bueno va a llegar. Los acontecimientos se van tan pronto como llegan, y ése tiempo tan bien aprovechado, que posiblemente sea considerable, nos parece escaso. Pero, ¿qué hacer cuando no esperamos nada? ¿Podríamos levantarnos cada mañana de la cama sin ninguna motivación? Y es que realmente, lo que esperamos con tanta ansia -que a veces hasta llega a ahogarnos-, es lo que, irónicamente, nos mantiene vivos.