miércoles, 20 de octubre de 2010

Pue' eso

Añoro mi otra vida, la simple y lineal, en la que las tardes de prácticas por entregar pasaban acompañadas de Christina Rosenvinge y tu compañía. Pero sobre todo, echo de menos las noches en que, abstractamente, construíamos nuestro particular Manhattan. Tiempo de baúles, guitarra y malos vicios...tiempo agridulce para ti, solías decirme. Ahora nuestras vidas no tienen nada en común con las anteriores. Somos algo diferentes (detecto, y para bien), aunque por suerte, nuestras escasas conversaciones siguen teniendo el mismo tono confidencial. Si hay algo que echo de menos de ti, es tu sinceridad y humanidad, y la simplicidad con la que me hacías verlo todo. Siempre has sido, y eres especial, espero que lo sepas.

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