Creo que le estoy cogiendo gusto a perder el tiempo. Deambular sin sentido parece no ser contraproducente, y, puesto que se desconoce el fin de la historia, hacer cábalas -sin que importe el tiempo y el lugar- resulta una bonita manera de utilizar los minutos. Uno cree conocer sus limitaciones, pero realmente no tiene ni idea de sus posibilidades.
[...]
Y es entonces, cuando empiezo a odiar a mi vulnerabilidad, a esa facilidad para caer sin apenas darme cuenta. Mi insensatez no decrece con los años, y presiento (y sé) que es algo que me pasará factura -de hecho, ya lo está haciendo-. Aunque no soy una persona atormentada, las nubes grises se apoderan de mi subconsciente sin avisar. Y sigo sin poder evitarlo, sigo sin poder evadirme.
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